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“Mi obra no hay que entenderla. Hay que gozarla”
La llamada de la Madre Tierra atrae al espectador desde la cuarta planta del hotel. El color y la materia se entrelazan por accidente en la obra del mexicano Bosco Sodi, un artista Ámister, autodidacta y apasionado de la experimentación sin fin. Su objetivo es liberar la imaginación de un público que ante sus cuadros es capaz de compartir la energía terrenal que la obra desprende. Dejando atrás los pinceles y sirviéndose de sus propias manos para crear, su arte es orgánico, visceral y libre de interpretaciones. Como un atardecer.
¿Qué relación pretendes que tenga el público con tu obra?
Mi intención es que el espectador haga su propia interpretación, cualquier opinión es válida. En el arte la gente tiene que ser muy libre. Por eso no titulo mis cuadros. Si llamara a una obra, por ejemplo, volcán, la gente vería ese concepto representado. Del mismo modo, tampoco firmo los cuadros por delante porque, si hay alguien que conozca mi obra, ya lo sabrá, no necesito comunicarlo. Lo importante es aportar algo, transmitir sensaciones.
¿Cómo tratas la materia y el color para conseguir tu objetivo?
Mi obra es muy casual, creo mucho en la técnica de la casualidad. El accidente hace única una obra, por ejemplo, creando colores irrepetibles, grietas inesperadas en la materia. También me inclino mucho por los materiales orgánicos porque siento que tienen una vibración diferente. El alma del hombre lee todo lo orgánico, no hay que enseñarle a entenderlo. Por ese motivo, tanto el crítico más estudioso del mundo como la persona más aislada de una tribu en el Amazonas va a gozar igual mi obra.
¿Qué influencias recibes, qué referencias artísticas tienes?
Siempre fui seguidor de Tàpies y de los expresionistas abstractos como Rothko y Sam Francis. Pero Tàpies, por ejemplo, siempre decía que la materia tenía que hablar por sí sola, sin color. Y Rothko y Sam Francis defendían que el color no necesitaba volumen. Entonces yo me pregunté: “¿Por qué no pueden ir los dos juntos?” Y mi trabajo se basa en explorar precisamente esa unión, combinando colores muy intensos con la materia y tratando de potencializar los dos elementos por igual.
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Hablando de explorar… ¿Cómo es tu trabajo experimental?
La experimentación es como todo en la vida, continuo. Es un círculo que va dando vueltas y nunca se detiene. Siempre me ha gustado mucho experimentar. Mi padre es ingeniero químico y cuando mi hermana y yo éramos pequeños, la casa siempre estaba llena de inventos, explosiones y experimentos. Mi afán por seguir investigando hace que no tenga miedo de perder la inspiración o estancarme
Naciste en México DF, ¿tu país natal se refleja en tus creaciones?
Sí, sobretodo en el concepto del color. México es un país muy colorido, el color está presente en todas partes, los mercados, las calles... En ese sentido el mexicano no tiene miedo al color. Pero luego te das cuentas que no somos los únicos porque ese lado animal lo tienen en todas partes. La gente adora el color y quizá más que en México porque allí estamos acostumbrados y no lo valoramos suficiente. En una ciudad gris como Londres, lo que más le apetece a la gente es llegar a casa y ver color. Así lo imagino yo. |
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Un momento especial que recuerdes de tu carrera artística...
El día que recibí el mayor cumplido que me han dicho nunca. Estaba en Japón y unos monjes budistas se presentaron a ver la exposición. Le pregunté al monje principal si necesitaba alguna explicación y me dijo que no era necesaria, que la obra era pura energía. Después de oír algo así le dije a mi mujer que me daba igual si los cuadros se vendían o no. Para mí, ya era suficiente.
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¿Cómo defines la experiencia que has vivido con Ámister?
Creo que el hotel ha tenido una idea magnífica. Es una manera de promocionar a los artistas y de crear una buena colección. Sería genial que muchos más hoteles en otros lugares emprendieran proyectos así. También creo que los clientes lo agradecen. Para alguien que está de viaje, lejos de su casa, es fundamental estar en contacto con el arte. De hecho, es importante que siempre estemos rodeados de arte. |
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